¿GALLINA O CODORNIZ?

El truco del huevo congelado: Más rápido, más versátil… imprescindible

Los huevos son un alimento básico rico en proteínas que pueden complementar una comida de forma rápida o convertirse en el ingrediente protagonista de un plato principal. En este artículo te explicamos una manera de conservarlos que te puede dar mucho juego a la hora de preparar varias elaboraciones.

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¿Quién no ha rememorado alguna vez con amigos anécdotas de la infancia y se ha sentido identificado cuando alguien ha hecho alusión a la típica frase que su abuela decía "¿Te has quedo con hambre?, ¿te frío un huevo?"?

El huevo, ese alimento tan socorrido para completar una comida que se ha quedado escasa, que acepta múltiples cocciones y que son una extraordinaria fuente de proteína. ¡Es un alimento fantástico que en todas las neveras tiene un hueco!

Si crees que ya conoces todo lo que puedes hacer con un huevo y consideras que dominas las técnicas de cocción -frito, a la plancha, en tortilla, poché, revueltos o al horno- no te pierdas este artículo, pues en NovaMás te vamos a explicar un truco genial para almacenarlo que te dará mucho juego a la hora de preparar varias elaboraciones.

La congelación: un truco imprescindible

El huevo de gallina es el primero que se nos viene a la mente cuando pensamos en el huevo, pero el de codorniz también es muy socorrido en según qué preparaciones. ¿Que tienes pensado hacerlos a la plancha para un desayuno, unos montaditos o algún entrante, pero resulta que no tienes en la nevera? ¡No te preocupes! Con el truco que te proponemos tendrás este problema resuelto.

Solo tienes que introducir en el congelador un huevo de gallina crudo -mínimo durante 12 horas-. Este proceso hace que tanto la yema como la clara se solidifiquen y te permita manipularlo de forma muy sencilla.

Cuando lo necesites, solo tienes que sacarlo del congelador y ponerlo durante unos segundos bajo el grifo del agua caliente. Este cambio de temperatura hace que el huevo adquiera una textura apta para que puedas cortarlo en rodajas con un cuchillo bien afilado, después de pelar la cáscara, evidentemente.

Una vez tengas el huevo crudo -pero congelado- en porciones, solo tienes que ponerlo en una sartén bien caliente con una cucharada de AOVE y cocinarlo a fuego medio para tener huevos fritos o a la plancha, pero de un tamaño reducido partiendo de un huevo de gallina.

Seguridad alimentaria

Una de las dudas que te puede generar este truco es la posibilidad de intoxicación alimentaria porque el proceso de congelación hace que el huevo aumente de volumen y se rompa la cáscara.

Por todos es sabido que la cáscara que recubre el huevo puede acumular bacterias como la salmonela, que puede llegar hasta el interior debido a la porosidad de la membrana o a que se fragmente en el momento de cascarlo para cocinarlo.

Este peligro es algo que asumimos cuando manejamos también un huevo sin congelar, por eso se recomienda romperlo en un recipiente en el que no se vaya a cocinar y asegurarnos de que ninguna esquirla de cáscara se cuela en la yema.

Otras maneras de almacenarlo

Si no te convence el método de congelarlo con la cáscara, puedes optar por guardarlo en el congelador sin ella. ¿De qué maneras? Puedes utilizar un molde de mini muffings de silicona para guardar el huevo crudo sin cáscara.

Este formato te permite guardar más cantidad de huevos y su forma redondeada te facilitará cortarlo en rebanadas obteniendo el mismo resultado. Solo tienes que cubrirlos bien con un film trasparente para protegerlos del exterior.

Si no te resulta práctico almacenar tantas unidades como el molde de silicona te permite, puedes romper el huevo y colocarlo crudo sobre papel film transparente para, posteriormente, hacer un saquito redondo. Como si fueras a hacerlos poché, pero en lugar de introducirlos en agua caliente, los metes en el congelador.

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